lunes, 19 de diciembre de 2016

Junto a ti...

Me pasa que veo nuestras fotos... Y observo que 
tuve una sonrisa tan hermosa junto a ti.
Noté que, contigo, no temo ser abrazada.

¿Sabes algo?
De vez en cuando juego a crear películas mentales; como reviviendo esos momentos...
esos momentos... en los cuales tuve una sonrisa tan hermosa junto a ti.



Y bien, creo que tengo otra confesión.
Espero no te molestes
sé que la envidia no es buena, pero...

No  te imaginas la envidia que le tengo a Florida.
No, no te imaginas.
Envidio a sus semáforos en rojo que te indican cuándo detenerte...
Ellos te miran, amor, incluso los semáforos;
 sé que se colocan en rojo apropósito sólo para que estés frente a ellos un rato.
¿Y cuando se colocan en verde? 
-Te preguntarás-
Pues es la ciudad que manda a que los coloquen en verde otra vez, 
 porque distraes todo a su alrededor.
Así es como influencias la ciudad; y  posiblemente ni lo notas...
¡A sus gentes!
Influencias a sus gentes, y también les envidio, por supuesto.
Sus gentes pueden mirarte a los ojos, y en un trayecto de un lado a otro 
(en una caminata común) 
pues ellos te rozan... Te rozan, amor, y yo aquí deseando tocarte.

¿Sabes a qué también le tengo envidia?

A los edificios; esos que toda mi vida he amado, pues hoy en día se roban tu atención; esa que ya no tengo.
Le observas y los detallas; y yo estoy tan lejos de ti, de que me mires algo parecido...


Y qué pesar
de verdad

Qué pesar saber que sonríes y que no estoy frente a ti para decirte que esa es -sin duda- mi sonrisa favorita en todo el mundo. Esa, esa que viene de ti. 
Aunque, -por supuesto- se sentiría mucho mejor si fuese por mí. 

Mi sonrisa, en cambio, está como en espera, o algo parecido...
Mi felicidad igual.

Hasta que vuelva a estar junto a ti.
¿Has leído el principito? 

Bien, no importa...
sólo quiero resaltar un pequeño fragmento el cual quedaría perfecto de mí para ti:

«si vienes por ejemplo a las cuatro dela tarde comenzaré a ser feliz desde las tres»

martes, 13 de diciembre de 2016

Creí que tenía las palabras para todo.

Creí que podría encontrar palabra para cada acontecimiento.

Creí que era experta en redactar; escupir las frases más perfectas en situaciones específicas...


Pero no.

Creí que tenía las palabras para todo.
Pero no.

No tengo las palabras para describir tu ausencia, a menos que deje entonces éste blog totalmente en blanco; con palabras mudas, y lágrimas en forma de puntos suspensivos...
No puedo describir lo que se siente pensar en mi futuro, y tener que sacarte de él.
Porque no, no es cambiar por completo mis planes, es simplemente sacarte de ellos; y eliminar de mi visión cualquier gesto de felicidad. 
Porque no, ya no estará allí.
ya no estarás allí.


No puedo describir qué se siente recordar tanta alegría, y luego verme al espejo; y quebrarme.

No puedo describir qué se siente soñar que soy un jarrón al cual dejaron caer y las personas al rededor aplaudían y tomaban fotos de aquellos pedazos rotos, donde los pisaban -me pisaban-.
No puedo describir el sonido del crujido que siento en mis entrañas cada vez que recuerdo ese tipo de sueños. 
O bien, en esos sueños donde soy un fantasmita que vive dentro de un árbol, y cortan el árbol -que es mi refugio- y entonces cae... Pero nadie escucha, y observo a mi alrededor; y no hay nadie, y no hay más árboles, sólo soy yo y mi refugio caído. 
Sólo yo a la deriva, buscando ahora dónde habitar. 
¿Y las hojas? ¿tenía hojitas mi árbol? Ya no recuerdo... Pero quiero ahora ser tan diminuta que pueda 
encajar dentro de cada fibra de las ramitas que puedan quedar en aquel árbol caído.


No puedo describir el sabor de cada lágrima que he desprendido en diferentes situaciones, con diferentes recuerdos, o diferentes intentos de seguir adelante...

Creí que tenía las palabras para todo.
Pero no.

No puedo describir ni siquiera la manera en la cual te necesito.

Te necesito para seguir escribiendo.
Te necesito para seguir escribiendo del amor y sus sabores.
Te necesito para seguir escribiendo de la tristeza y su belleza.
Te necesito para seguir.
Te necesito para describir por qué no te quiero conmigo.
Te necesito para describir por qué seguiría contigo.

Te necesito para gritar a letras cuánto te quiero...
Te necesito para exhalar a letras cuánto te odio... 




Creí que tenía las palabras para todo.
Pero no.




Porque no es tanta la nostalgia, sino más la melancolía de que no estés.
Porque ya no eres, amor, amor, amor, ¿Puedo seguir llamándote así?

ya no eres.
Y por ende, ya no soy. 

Ya no somos.

Y no sabes cómo me quiebra. 


¿Te has dado cuenta lo que has cambiado?

¿Te has dado cuenta lo que me he debilitado? 

¿Te has dado cuenta...? 




Creí que tenía las palabras para todo.
Pero no.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Dos seres.

Dos seres. 

Que te siento, te percibo, te vas y te vuelves...
Que me sientes, me percibes, que me evaporo y me vuelvo...

Dos suspiros unidos por el viento.

domingo, 20 de noviembre de 2016

Sorpresa, sorpresa... No quiero ningún otro tipo de felicidad.

No me gusta la felicidad, no me gusta la felicidad, no me gusta...

No vuelvo a aceptar ni un gramo de felicidad, mucho ya pesa mi alma como para cargar con algo más.

¿Que por qué no me gusta?
Porque, para la vida, la felicidad es como un  bien el cual le debes; así que debes cancelar un impuesto. 
Pero, adivinen...
sorpresa, sorpresa...
La vida te cobra un impuesto con un valor mayor del bien que obtuviste. 

¿Que fuiste feliz hasta más no poder? 
Pues ahora lo pagarás sufriendo, obteniendo un dolor mayor del que puedas soportar. 

Así que no, no me gusta la felicidad. 
Déjenme en orden, sin felicidad, sin dolor, con la brisa andando... En ningún lugar tambaleándome. 

No estás, ya no estás, y ya no quiero que estés... 
Así que no, no quiero que ningún otro tipo felicidad llegue a mi, porque no es real...

jueves, 17 de noviembre de 2016


Hay tanto ruido fuera de mí...
¿Me encierro?

No sé qué hacer.

...
Hay tanto ruido dentro de mí...

¿Salgo?

No sé qué hacer.

Hay tanto ruido fuera de mí...
¿Me encierro?

No sé qué hacer.

...
Hay tanto ruido dentro de mí...

¿Salgo?

No sé qué hacer.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Carta a mi pequeña...

¿Todo está bien?
¿Estás segura, mi niña?

Porque realmente pienso que la ansiedad te está tragando; y él no está allí para abrazarte.
Creo que te estás cayendo a pedacitos, y estás dejando que otras personas tomen partes de ti que no les pertenecen. 
¿Estás tan débil?
Para ya... ¿Qué no ves que te estás matando? 
Él no está, asimila la situación y enfrenta tu soledad. 

¿Qué tienes en contra del silencio? 
¿Qué tienes en contra de la quietud de las cosas? 

Te alteras cuando ves todo el orden... 
Te das cuenta que sigues en problemas, ¿cierto?
Debes volver al psicólogo, mi niña. 
Y... Cuidado con las decisiones que tomas. 
Si te vas, o si no le permites volver; ¿Lo soportarías cuando la turbulencia en ti haya cesado? 

No estás bien; lo sé. Simplemente, por favor, busca un lugar seguro en ti, no en los demás. 
Por favor, por favor no en alguien más...